En el nuevo número de la revista TURIA, de Marzo de 2025, se ha publicado un poema hasta ahora inédito de Santiago Montobbio. El poeta barcelonés escribió este poema el 30 de noviembre de 2019, al día siguiente de asistir en la Catedral de Barcelona a la conmemoración de los 500 años de la celebración en ella, mientras Barcelona era sede imperial con Carlos I, de la única reunión del capítulo del Toisón de Oro que ha tenido lugar fuera de Borgoña. El poeta recuerda este acto de conmemoración, la significación particular que tiene, y rememora también la significación que tienen para él algunos lugares sagrados de la ciudad a los que se siente especialmente unido desde niño -como la Catedral o la Merced-, pero también lugares de la vida cotidiana -cafés, jardines, plazas-, que le despiertan sentimientos y emociones. El poema expresa también la íntima unión en su sentir del vivir y el escribir. Éste es el poema publicado en TURIA:
Santiago Montobbio
JARDÍN. UN RATO en un jardín, o en el jardín. Siento como si ya estuviera en él, pues a él pensamos ir con mi madre en esta mañana de sábado. Siento que estoy ya en él y puedo en él escribir, escribir en un jardín, aunque aún estoy en casa. Así lo siento o lo presiento, y empiezo a escribir. Pensaba primero ir a la Rambla Cataluña, pero luego me he acordado del jardín del hotel. Hace tiempo que no vamos. Últimamente hemos ido más al Bauma o a la Rambla. La otra noche, la noche del jueves, le hablaba a una amiga en el Bauma, en donde habíamos recalado tras ir a un concierto con motivo del día de la conciencia negra, de este jardín, que no conocía, y se interesaba y tomaba nota de él. Y le señalaba al hotel en la calle, ya antes de despedirnos. Me vuelve la música brasileña con influencia negra de esa noche, el rato de charla compartida en el Bauma, el recuerdo en él de tardes y noches antiguas que dicen otro tiempo. Música. Noche. Y música y noche ayer en la catedral, en el preciosísimo concierto de conmemoración de los 500 años de la celebración de un capítulo del Toisón de Oro en Barcelona con Carlos I, quien vivió aquí ese año, e hizo de esta ciudad la capital del imperio, la capital del sueño de Europa, de la Europa mediterránea, y la catedral de nuestra ciudad Sede Europa. Entre las paredes del coro, con los escudos en sus sitiales de los caballeros del Toisón de Oro que allí se reunieron hace quinientos años -en el único cónclave, o como se diga -no recuerdo ahora la palabra precisa-, o sencillamente reunión del capítulo, que se ha hecho fuera de Borgoña-, en las vísperas de San Andrés, patrono del Toisón de Oro, una música parecida a la que escuchábamos ayer. Barcelona, corazón de Europa y capital de un viejo sueño, y los sitiales de un coro realizado por un escultor que admiraba Miguel Ángel en que nos sentamos, y el espacio maravilloso a la luz de la iluminación inusitada. Y la música. Ayer la música y la gravitación del peso y el sentimiento de la historia, y a la vez el carácter muy íntimo de este lugar de la ciudad, la catedral, para mí, y que me vuelve niño, como algunos de otros lugares santos, como la Merced, a la que fui a una boda el sábado, y que también me trajo la memoria de otro tiempo. Yo en esta ciudad niño, esta ciudad que tengo corazón adentro, y que fue capital imperial, y los 500 años de ello ayer en su catedral celebrábamos. Sentir. Y escribir. Escribir de este sentir. Escribir también ayer por la mañana poemas en una plaza, la plaza y en ella en el café en que por última vez nos vimos. Ir de vez en cuando a ella, pasar por ella por un motivo circunstancial, estar al lado un gestor que nos lleva ahora unas cosas, e ir a dejarle documentos o así, tal ayer. La circunstancia anodina que te hace regresar o adentrarte en el sentir, y escribir poemas, poemas del agua o de las palomas, ya no sé, también del café, poemas heridos estos poemas de amor, del amor aún que sin querer ni pensarlo me pongo a escribir. No es que los quiera escribir ni que esto quiera sentir, pero así pasa. Y escribo. Y vivo. Así vivo. Ganas de escribir, de volver a escribir. De escribir de la música de estas noches, de lo más íntimo que encuentro y me dice esta ciudad y de su vieja memoria espléndida, acaso algo dormida o escondida. Escribir prosas. Escribir poemas. Escribir esta prosa que es un poema como pórtico a las prosas que escriba, y como cierre quizá a los poemas de ayer. Escribir en casa, antes de ir a un jardín. Escribir. Vivir.